jueves, 30 de enero de 2014

¡Qué difícil nos lo ponen!

¿Alguno de vosotros recuerda alguna campaña publicitaria del Ministerio de Medio Ambiente, de Economía, de Empleo... animando a los ciudadanos a consumir productos locales? ... Yo no. Si vosotros sí recordáis, podéis compartir en comentarios la información y refrescarme la memoria.

Cuando te empeñas en consumir local te das cuenta de que eres una panoli. La legislación es lo suficientemente ambigua y opaca como para que el consumidor no tenga forma objetiva de conocer la procedencia de aquello que consume ni de las materias primas empleadas en su fabricación. Inocentes de nosotros, nos creemos que la expresión "Hecho en España" en una etiqueta o un 84 al comienzo de un código de barras es lo único que tenemos que mirar a la hora de meter algo en la cesta de la compra.



Lo sé, el párrafo anterior suena a la clásica teoría de la conspiración y mira que me fastidia. Sin embargo, no creo que la culpa sea de las grandes corporaciones ni de los legisladores, que acaban siendo siempre retratados como malvados manipuladores, interesados y amorales a los que sólo les mueve el poder y en último término el dinero, aunque mucho de esto creo que sinceramente sí hay. Como consumidora y como votante, yo y cada uno de nosotros somos responsables, puesto que tenemos el gran poder y la enorme responsabilidad de ELEGIR y de VOTAR. Y para poder ejercer ese derecho y ese privilegio es necesario estar BIEN INFORMADO. Hay que leer etiquetas, artículos de prensa, navegar por internet, entrar en las webs de los fabricantes e invertir un montón de tiempo contrastando información para separar el grano de la paja. Si en el envoltorio de un producto no encuentras la información que necesitas para decidir, no te cortes: entra en su web, busca el formulario de contacto y envía un email. Es cierto, puede que no te contesten,  que la información que te faciliten sea insuficiente o sesgada... ¡Pues en tu mano está sacar a ese proveedor de la lista de la compra y mételo en tu lista negra particular!




El mito de que se puede identificar la procedencia de un artículo por los dígitos iniciales de un código de barras es el más extendido. El código de barras europeo es el EAN-13 (European Article Number), compuesto por 13 dígitos: 12 que identifican el producto y 1 como dígito de control. Los dos primeros dígitos, identifican el país que otorgó el código, no el país de origen del mismo. Los códigos de barras, se registran a través de asociaciones como AECOC, que puede conceder el dígito 84 -España- a empresas tanto españolas como de cualquier otra nacionalidad.  

Además, por ejemplo, una empresa de alimentación española puede importar sus materias primas de otros países, procesar y envasar en España el producto final y venderlo -dentro de la legalidad- como un producto Made in Spain. Lo mismo sucede con las prendas de ropa o el calzado: se pueden comprar los tejidos, los botones, las entretelas o incluso las prendas semi-confeccionadas a otro país, terminar de confeccionar y etiquetar la prenda como "Hecho en España" sin vulnerar la legalidad y, sin embargo, cualquiera de nosotros como consumidores vemos esta realidad como "publicidad engañosa" cuando no abiertamente como un fraude.

¿Vamos a dejarnos manipular y tomar el pelo?